martes, 13 de octubre de 2015

Tierras Raras: Cuando lo ecológico no lo es tanto.

Tierras Raras: La denominación “tierra” proviene de la antigua denominación que se daba a los óxidos, y en
cuanto a “raras”, hace referencia a la dificultad de extraer y procesar los materiales, ya que los yacimientos de estos elementos normalmente se mezclan con otros materiales geológicos y resulta complicado extraerlos individualmente.

Según la Unión Internacional de Química Pura y Aplicada, las tierras raras son un conjunto de diecisiete elementos químicos conformados específicamente por los quince lantánidos, además del escandio y el itrio.

Entre los lantánidos el lantano, cerio, praseodimio, neodimio, prometeo y samario son conocidos como las tierras raras livianas o Light Rare Earth Oxides. Junto a ellos, el europio, gadolinio, terbio, disprosio, holmio, erbio, tulio, iterbio y lutecio, son conocidos como las tierras raras pesadas o Heavy Rare Earth Oxides. Salvo el prometeo, todos los demás lantánidos se encuentran como óxidos metálicos contenidos en unos 25 minerales, de los cuales los más importantes y que se explotan económicamente son la bastnaesita (flúor carbonato de tierras raras), monazita (fosfato de tierras raras) y xenotima (fosfato de itrio).

Las consecuencias de su extracción y procesamiento son aun desconocidas para la gran mayoría de la
sociedad. Por ello, su conocimiento y divulgación se hacen necesarios para lograr una sustantiva reducción del actual despilfarro de los materiales que las contienen y así luchar contra la contaminación que generan.

Debido a sus configuraciones electrónicas únicas, estos elementos devinieron en  básicos para multiplicidad
de aplicaciones actuales. Hace algunas décadas eran utilizados como piedras para encendedores (mecheros), posteriormente se amplió su radio de acción al incluirlas en la producción de imanes, motores para bicicletas, tubos de rayos catódicos para televisiones, láseres, pigmentos, lámparas fluorescentes, microscopios electrónicos, máquinas de los hospitales y hasta en billetes para detectar falsificaciones mediante radiación ultravioleta (entre otras aplicaciones).

En la actualidad, las tierras raras se han convertido, gracias al avance de las nuevas tecnologías, en elementos insustituibles al emplearse también en aparatos comunes de nuestra vida diaria, como teléfonos móviles, ordenadores o auriculares, y en las denominadas tecnologías verdes, tales como coches eléctricos, aerogeneradores, paneles fotovoltaicos, iluminación LED, etc.


Otras aplicaciones tienen que ver con fenómenos catalíticos en la refinación del petróleo, elaboración de cerámicas superconductoras, fibras ópticas, refrigeración y almacenaje de energía, vidrios de alto índice, polvos de pulido en óptica, baterías nucleares, captura de neutrones, tubos de rayos X, comunicación por microondas, tubos de haz electrónico o equipos de imágenes en medicina por citar algunos

Lamentablemente, tanto la extracción como el procesamiento de las tierras raras causan un elevado impacto
ambiental. La extracción se hace en minas a tajo abierto y para su procesamiento se requieren productos químicos muy agresivos. Además, en los minerales de los que se extraen es muy común la presencia de elementos radiactivos como el torio o el uranio. En este contexto, la producción de una tonelada da lugar a entre 9.600 y 12.000 metros cúbicos de gas residual que contiene polvo concentrado, ácido fluorhídrico, dióxido de azufre y ácido sulfúrico, unos 75.000 litros de agua residual ácida y alrededor de una tonelada de residuos radiactivos. Con ello, suponen la eliminación total de la vegetación del área de la mina y también de sus alrededores dada la contaminación que se genera (siendo esta de naturaleza diversa: radiactiva, de partículas o de productos químicos que, de hecho, vienen contaminando al aire, la tierra y a las aguas circundantes.

Junto al impacto ambiental, cabe añadir el consiguiente costo social, sobre todo en el contexto de la producción agroalimentaria y de la salud. Además, los supuestos buenos resultados económicos son más que discutibles si se toman en consideración los gastos derivados de un adecuado control de emisiones y de contaminación, la restauración del medio natural, así como los gastos sanitarios resultantes de atender las enfermedades contraídas por los ciudadanos como consecuencia de la producción de tierras raras.

Pese a contar únicamente con el 35% de las reservas mundiales, China concentra en la actualidad el 95% de la producción mundial de tierras raras, y países como Estados Unidos o Japón, grandes consumidores de estos elementos, dependen de China para abastecerse.

De hecho, dado el incremento previsto de esta demanda, varios países han comenzado a barajar la posibilidad de extraer estos óxidos, muchas veces bajo las protestas de las organizaciones defensoras del medio ambiente, para evitar que China pueda controlar el precio mundial de lo que ya nadie duda que es el insumo del futuro.

Esto nos ha sembrado muy serias dudas en cuanto a la conveniencia de las bicicletas eléctricas como vehículo de transporte alternativo. 

¿Será posible que la contaminación generada por los motores de dos tiempos para bicicleta durante su
proceso de fabricación y su vida útil, sea inferior a la generada por los motores eléctricos aunados a sus baterías a lo largo de su proceso de producción? ... dejamos el tema abierto para el debate, mientras tanto continúo movilizándome en mi bicicleta montañera de 21 velocidades impulsada por motor sanguíneo.


Las subidas se "enrollan" en las ruedas y así las haces tuyas cuando al fin, las conquistas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada

Nos gustaría conocer tu opinión referente al artículo.